A menudo la niebla baja cubre la fraga del Río Bibei hasta bien entrada la mañana. El sorprendente espectáculo del río, atravesado por el puente romano, invita al retiro y a la oración. Nada extraño que los monjes hubiesen escogido aquellos parajes para su vida de soledad y trabajo.Son muchos los secretos que guardan estos inaccesibles valles. En el S. VII siete ermitaños se aposentaron en siete cuevas en la orilla derecha del río. Pasada la invasión musulmana, los pastores de la zona, extrañados por los bramidos del ganado al pasar por un determinado lugar, encontraron en una cueva una imagen de la Virgen con el Niño en brazos. Después del hallazgo, se construyó en el lugar una pequeña capilla a la Virgen, que en el S. XVII y se convertiría en el actual Santuario.

La historia ha dejado su huella en un lugar rico en patrimonio cultural, etnográfico y gastronómico. 

Los romanos encontraron yacimientos de oro y fueron los primeros en realizar costosas obras de ingeniería para desviar el cauce del río y acceder a los sedimentos fluviales. Las antiguas minas romanas de Las Médulas y el túnel de Montefurado son un ejemplo de ello. Se dice que también fueron ellos los primeros en cultivar la vid en la zona. Luego embarcaban el vino junto con las lampreas pescadas en el río para que se sirvieran en las mesas de los emperadores. Hoy, las vides siguen plantadas en los profundos valles y en los desfladeros del río que convierten la vendimia en un trabajo casi heroico.

Lo que le imprime el mayor carácter al vino es todo aquello que le rodea: desde el suelo en el que están las plantas, el tipo de vegetación que las rodea, la cantidad de agua, hasta el cielo. El viñedo te lleva a conseguir un gran vino y las circunstancias que lo rodean son fundamentales.

Su clima es atlántico, concretamente oceánico de transición, con marcados contrastes entre estaciones. Con una media anual de precipitaciones de 700 mm concentradas en invierno y primavera, el verano y el otoño son más secos y con una mayor amplitud térmica entre el día y la noche. Septiembre, el mes de la vendimia, siempre resulta impredecible. Los vientos con más fuerza con los del oeste y suroeste.

 En  las  laderas del Rio Bibei nos encontramos una gran diversidad de flora que contribuye a dar vida  y  sustentar nuestro ecosistema: castaños, robles, lavanda, manzanilla... Buscan transmitir de la manera más elegante y sutil posible en forma de vino, todo lo que les rodea. Desde la tierra en dónde se asientan las cepas hasta el cielo que las cubre.


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